El hachís, conocido simplemente como hash, es una forma concentrada de cannabis que se obtiene extrayendo las glándulas de resina (tricomas) de los flores de la planta de cannabis. El aspecto del hachís puede variar mucho, según su origen, el método de elaboración y la variedad de cannabis utilizada. Normalmente, los colores van del marrón claro al marrón oscuro, y a veces incluso hasta un hachís casi negro. La superficie puede ser lisa y brillante, sobre todo si está muy prensado, o algo granulada y arenosa si está menos compactado. El hachís frotado a mano de regiones como Afganistán o India suele ser pegajoso y blando, mientras que el hachís tamizado en seco, que se obtiene al tamizar los flores secos, es más desmenuzable y compacto.
¿Cómo se ve un buen hachís?
Para valorar la calidad del hachís hace falta tener ojo y buen olfato. Un hachís de calidad debe tener un color uniforme y característico, que depende de la variedad de cannabis utilizada. Otro signo de calidad es la textura: un buen hachís se siente compacto, pero no debe estar demasiado duro. Al calentarse, debería volverse flexible, pero sin estar excesivamente pegajoso; esto indica el equilibrio correcto entre humedad y resina. Un aroma intenso pero agradable, que recuerde a la planta de cannabis original, también es señal de un buen trabajo. La llamada prueba de la burbuja también puede ayudar: si al calentar el hachís empieza a burbujear y se consume de forma limpia, es de buena calidad. Si el humo se vuelve negro o no aparecen burbujas, puede indicar impurezas.

